El Quijote
en 17000 tuits
9209paciencia podré llevar que quiera vuestra merced que de sola una vez que vi la casa de nuestra ama, la haya de saber siempre 9210 y hallarla a media noche, no hallándola vuestra merced, que la debe de haber visto millares de veces?
-Tú me harás 9211desesperar, Sancho -dijo don Quijote-. Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he 9212visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que sólo estoy enamorado de oídas y de la gran 9213fama que tiene de hermosa y discreta?
-Ahora lo oigo -respondió Sancho-; y digo que, pues vuestra merced no la ha visto, 9214ni yo tampoco...
-Eso no puede ser -replicó don Quijote-; que, por lo menos, ya me has dicho tú que la viste ahechando 9215trigo, cuando me trujiste la respuesta de la carta que le envié contigo.
-No se atenga a eso, señor -respondió Sancho-, 9216porque le hago saber que también fue de oídas la vista y la respuesta que le truje; porque, así sé yo quién es la señora 9217Dulcinea como dar un puño en el cielo.
-Sancho, Sancho -respondió don Quijote-, tiempos hay de burlar, y tiempos donde 9218caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma has tú de decir también 9219que ni la has hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes.
Estando los dos en estas pláticas, vieron que venía a 9220pasar por donde estaban uno con dos mulas, que, por el ruido que hacía el arado, que arrastraba por el suelo, juzgaron que 9221debía de ser labrador, que habría madrugado antes del día a ir a su labranza; y así fue la verdad. Venía el labrador 9222cantando aquel romance que dicen:
Mala la hubistes, franceses,
en esa de Roncesvalles.
-Que me maten, Sancho -dijo, 9223en oyéndole, don Quijote-, si nos ha de suceder cosa buena esta noche. ¿No oyes lo que viene cantando ese villano?
-Sí 9224oigo -respondió Sancho-; pero, ¿qué hace a nuestro propósito la caza de Roncesvalles? Así pudiera cantar el romance de 9225Calaínos, que todo fuera uno para sucedernos bien o mal en nuestro negocio.
Llegó, en esto, el labrador, a quien don 9226Quijote preguntó:
-¿Sabréisme decir, buen amigo, que buena ventura os dé Dios, dónde son por aquí los palacios de la sin 9227par princesa doña Dulcinea del Toboso?
-Señor -respondió el mozo-, yo soy forastero y ha pocos días que estoy en este 9228pueblo, sirviendo a un labrador rico en la labranza del campo; en esa casa frontera viven el cura y el sacristán del lugar; 9229entrambos, o cualquier dellos, sabrá dar a vuestra merced razón desa señora princesa, porque tienen la lista de todos los 9230vecinos del Toboso; aunque para mí tengo que en todo él no vive princesa alguna; muchas señoras, sí, principales, que cada 9231una en su casa puede ser princesa.
-Pues entre ésas -dijo don Quijote- debe de estar, amigo, ésta por quien te pregunto. 9232 -Podría ser -respondió el mozo-; y adiós, que ya viene el alba.
Y, dando a sus mulas, no atendió a más preguntas. Sancho, 9233 que vio suspenso a su señor y asaz mal contento, le dijo:
-Señor, ya se viene a más andar el día, y no será acertado 9234dejar que nos halle el sol en la calle; mejor será que nos salgamos fuera de la ciudad, y que vuestra merced se embosque en 9235alguna floresta aquí cercana, y yo volveré de día, y no dejaré ostugo en todo este lugar donde no busque la casa, alcázar o 9236palacio de mi señora, y asaz sería de desdichado si no le hallase; y, hallándole, hablaré con su merced, y le diré dónde y
▼