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El Quijote
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α Día 2015-07-16 ω
9125de alcanzar fama es activo en gran manera. ¿Quién piensas que arrojó a Horacio del puente abajo, armado de todas armas, 9126en la profundidad del Tibre? ¿Quién abrasó el brazo y la mano a Mucio? ¿Quién impelió a Curcio a lanzarse en la profunda 9127sima ardiente que apareció en la mitad de Roma? ¿Quién, contra todos los agüeros que en contra se le habían mostrado, hizo 9128pasar el Rubicón a César? Y, con ejemplos más modernos, ¿quién barrenó los navíos y dejó en seco y aislados los valerosos 9129españoles guiados por el cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo? Todas estas y otras grandes y diferentes hazañas son, fueron 9130y serán obras de la fama, que los mortales desean como premios y parte de la inmortalidad que sus famosos hechos merecen, 9131puesto que los cristianos, católicos y andantes caballeros más habemos de atender a la gloria de los siglos venideros, que es 9132 eterna en las regiones etéreas y celestes, que a la vanidad de la fama que en este presente y acabable siglo se alcanza; la 9133 cual fama, por mucho que dure, en fin se ha de acabar con el mesmo mundo, que tiene su fin señalado. Así, ¡oh Sancho!, que 9134nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene puesto la religión cristiana, que profesamos. Hemos de matar en los 9135gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del 9136ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la 9137lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del 9138 mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los 9139medios por donde se alcanzan los estremos de alabanzas que consigo trae la buena fama.

-Todo lo que vuestra merced hasta
9140aquí me ha dicho -dijo Sancho- lo he entendido muy bien, pero, con todo eso, querría que vuestra merced me sorbiese una duda 9141 que agora en este punto me ha venido a la memoria.

-Asolviese quieres decir, Sancho -dijo don Quijote-. Di en buen hora,
9142que yo responderé lo que supiere.

-Dígame, señor -prosiguió Sancho-: esos Julios o Agostos, y todos esos caballeros
9143hazañosos que ha dicho, que ya son muertos, ¿dónde están agora?

-Los gentiles -respondió don Quijote- sin duda están en el
9144infierno; los cristianos, si fueron buenos cristianos, o están en el purgatorio o en el cielo.

-Está bien -dijo Sancho-,
9145pero sepamos ahora: esas sepulturas donde están los cuerpos desos señorazos, ¿tienen delante de lámparas de plata, o 9146están adornadas las paredes de sus capillas de muletas, de mortajas, de cabelleras, de piernas y de ojos de cera? Y si desto 9147no, ¿de qué están adornadas?

A lo que respondió don Quijote:

-Los sepulcros de los gentiles fueron por la mayor parte
9148suntuosos templos: las cenizas del cuerpo de Julio César se pusieron sobre una pirámide de piedra de desmesurada grandeza, a 9149 quien hoy llaman en Roma La aguja de San Pedro; al emperador Adriano le sirvió de sepultura un castillo tan grande como una 9150 buena aldea, a quien llamaron Moles Hadriani, que agora es el castillo de Santángel en Roma; la reina Artemisa sepultó a su 9151marido Mausoleo en un sepulcro que se tuvo por una de las siete maravillas del mundo; pero ninguna destas sepulturas ni 9152otras muchas que tuvieron los gentiles se adornaron con mortajas ni con otras ofrendas y señales que mostrasen ser santos