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El Quijote
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α Día 2015-05-13 ω
7303muy diferente de la que yo he oído decir que tienen los demonios; porque, según se dice, todos huelen a piedra azufre y a 7304otros malos olores; pero éste huele a ámbar de media legua.

Decía esto Sancho por don Fernando, que, como tan señor, debía
7305 de oler a lo que Sancho decía.

-No te maravilles deso, Sancho amigo -respondió don Quijote-, porque te hago saber que
7306los diablos saben mucho, y, puesto que traigan olores consigo, ellos no huelen nada, porque son espíritus, y si huelen, no 7307pueden oler cosas buenas, sino malas y hidiondas. Y la razón es que como ellos, dondequiera que están, traen el infierno 7308consigo, y no pueden recebir género de alivio alguno en sus tormentos, y el buen olor sea cosa que deleita y contenta, no es 7309 posible que ellos huelan cosa buena. Y si a ti te parece que ese demonio que dices huele a ámbar, o te engañas, o él 7310quiere engañarte con hacer que no le tengas por demonio.

Todos estos coloquios pasaron entre amo y criado; y, temiendo don
7311Fernando y Cardenio que Sancho no viniese a caer del todo en la cuenta de su invención, a quien andaba ya muy en los 7312alcances, determinaron de abreviar con la partida; y, llamando aparte al ventero, le ordenaron que ensillase a Rocinante y 7313enalbardase el jumento de Sancho; el cual lo hizo con mucha presteza.

Ya en esto, el cura se había concertado con los
7314cuadrilleros que le acompañasen hasta su lugar, dándoles un tanto cada día. Colgó Cardenio del arzón de la silla de 7315Rocinante, del un cabo la adarga y del otro la bacía, y por señas mandó a Sancho que subiese en su asno y tomase de las 7316riendas a Rocinante, y puso a los dos lados del carro a los dos cuadrilleros con sus escopetas. Pero, antes que se moviese 7317el carro, salió la ventera, su hija y Maritornes a despedirse de don Quijote, fingiendo que lloraban de dolor de su 7318desgracia; a quien don Quijote dijo:

-No lloréis, mis buenas señoras, que todas estas desdichas son anexas a los que
7319profesan lo que yo profeso; y si estas calamidades no me acontecieran, no me tuviera yo por famoso caballero andante; porque 7320a los caballeros de poco nombre y fama nunca les suceden semejantes casos, porque no hay en el mundo quien se acuerde dellos 7321. A los valerosos , que tienen envidiosos de su virtud y valentía a muchos príncipes y a muchos otros caballeros, que 7322procuran por malas vías destruir a los buenos. Pero, con todo eso, la virtud es tan poderosa que, por sola, a pesar de 7323toda la nigromancia que supo su primer inventor, Zoroastes, saldrá vencedora de todo trance, y dará de luz en el mundo, 7324como la da el sol en el cielo. Perdonadme, fermosas damas, si algún desaguisado, por descuido mío, os he fecho, que, de 7325voluntad y a sabiendas, jamás le di a nadie; y rogad a Dios me saque destas prisiones, donde algún mal intencionado 7326encantador me ha puesto; que si de ellas me veo libre, no se me caerá de la memoria las mercedes que en este castillo me 7327habedes fecho, para gratificallas, servillas y recompensallas como ellas merecen.

En tanto que las damas del castillo esto
7328 pasaban con don Quijote, el cura y el barbero se despidieron de don Fernando y sus camaradas, y del capitán y de su hermano 7329 y todas aquellas contentas señoras, especialmente de Dorotea y Luscinda. Todos se abrazaron y quedaron de darse noticia de 7330sus sucesos, diciendo don Fernando al cura dónde había de escribirle para avisarle en lo que paraba don Quijote, 7331asegurándole que no habría cosa que más gusto le diese que saberlo; y que él, asimesmo, le avisaría de todo aquello que él