El Quijote
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6694llevaba, a causa de tener nuevas que de allí a un mes partía la flota de Sevilla a la Nueva España, y fuérale de grande 6695incomodidad perder el viaje.
En resolución, todos quedaron contentos y alegres del buen suceso del cautivo; y, como ya la 6696noche iba casi en las dos partes de su jornada, acordaron de recogerse y reposar lo que de ella les quedaba. Don Quijote se 6697ofreció a hacer la guardia del castillo, porque de algún gigante o otro mal andante follón no fuesen acometidos, codiciosos 6698del gran tesoro de hermosura que en aquel castillo se encerraba. Agradeciéronselo los que le conocían, y dieron al oidor 6699cuenta del humor estraño de don Quijote, de que no poco gusto recibió.
Sólo Sancho Panza se desesperaba con la tardanza 6700del recogimiento, y sólo él se acomodó mejor que todos, echándose sobre los aparejos de su jumento, que le costaron tan 6701caros como adelante se dirá.
Recogidas, pues, las damas en su estancia, y los demás acomodádose como menos mal pudieron, 6702don Quijote se salió fuera de la venta a hacer la centinela del castillo, como lo había prometido.
Sucedió, pues, que 6703faltando poco por venir el alba, llegó a los oídos de las damas una voz tan entonada y tan buena, que les obligó a que todas 6704le prestasen atento oído, especialmente Dorotea, que despierta estaba, a cuyo lado dormía doña Clara de Viedma, que ansí se 6705llamaba la hija del oidor. Nadie podía imaginar quién era la persona que tan bien cantaba, y era una voz sola, sin que la 6706acompañase instrumento alguno. Unas veces les parecía que cantaban en el patio; otras, que en la caballeriza; y, estando en 6707esta confusión muy atentas, llegó a la puerta del aposento Cardenio y dijo:
-Quien no duerme, escuche; que oirán una voz 6708de un mozo de mulas, que de tal manera canta que encanta.
-Ya lo oímos, señor -respondió Dorotea.
Y, con esto, se fue 6709Cardenio; y Dorotea, poniendo toda la atención posible, entendió que lo que se cantaba era esto:
Capítulo XLIII. 6710Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos]
- 6711Marinero soy de amor,
y en su piélago profundo
navego sin esperanza
de llegar a puerto alguno.
Siguiendo voy a una 6712 estrella
que desde lejos descubro,
más bella y resplandeciente
que cuantas vio Palinuro.
Yo no sé adónde me guía,
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