(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-04-22 ω
6694llevaba, a causa de tener nuevas que de allí a un mes partía la flota de Sevilla a la Nueva España, y fuérale de grande 6695incomodidad perder el viaje.

En resolución, todos quedaron contentos y alegres del buen suceso del cautivo; y, como ya la
6696noche iba casi en las dos partes de su jornada, acordaron de recogerse y reposar lo que de ella les quedaba. Don Quijote se 6697ofreció a hacer la guardia del castillo, porque de algún gigante o otro mal andante follón no fuesen acometidos, codiciosos 6698del gran tesoro de hermosura que en aquel castillo se encerraba. Agradeciéronselo los que le conocían, y dieron al oidor 6699cuenta del humor estraño de don Quijote, de que no poco gusto recibió.

Sólo Sancho Panza se desesperaba con la tardanza
6700del recogimiento, y sólo él se acomodó mejor que todos, echándose sobre los aparejos de su jumento, que le costaron tan 6701caros como adelante se dirá.

Recogidas, pues, las damas en su estancia, y los demás acomodádose como menos mal pudieron,
6702don Quijote se salió fuera de la venta a hacer la centinela del castillo, como lo había prometido.

Sucedió, pues, que
6703faltando poco por venir el alba, llegó a los oídos de las damas una voz tan entonada y tan buena, que les obligó a que todas 6704le prestasen atento oído, especialmente Dorotea, que despierta estaba, a cuyo lado dormía doña Clara de Viedma, que ansí se 6705llamaba la hija del oidor. Nadie podía imaginar quién era la persona que tan bien cantaba, y era una voz sola, sin que la 6706acompañase instrumento alguno. Unas veces les parecía que cantaban en el patio; otras, que en la caballeriza; y, estando en 6707esta confusión muy atentas, llegó a la puerta del aposento Cardenio y dijo:

-Quien no duerme, escuche; que oirán una voz
6708de un mozo de mulas, que de tal manera canta que encanta.

-Ya lo oímos, señor -respondió Dorotea.

Y, con esto, se fue
6709Cardenio; y Dorotea, poniendo toda la atención posible, entendió que lo que se cantaba era esto:





Capítulo XLIII.
6710Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos]

-
6711Marinero soy de amor,

y en su piélago profundo

navego sin esperanza

de llegar a puerto alguno.

Siguiendo voy a una
6712 estrella

que desde lejos descubro,

más bella y resplandeciente

que cuantas vio Palinuro.

Yo no adónde me guía,