(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-01-15 ω
3883mercedes a mis parientes. Los días eran todos de fiesta y de regocijo en mi calle; las noches no dejaban dormir a nadie las 3884músicas. Los billetes que, sin saber cómo, a mis manos venían, eran infinitos, llenos de enamoradas razones y ofrecimientos, 3885 con menos letras que promesas y juramentos. Todo lo cual no sólo no me ablandaba, pero me endurecía de manera como si fuera 3886 mi mortal enemigo, y que todas las obras que para reducirme a su voluntad hacía, las hiciera para el efeto contrario; no 3887porque a me pareciese mal la gentileza de don Fernando, ni que tuviese a demasía sus solicitudes; porque me daba un no 3888qué de contento verme tan querida y estimada de un tan principal caballero, y no me pesaba ver en sus papeles mis alabanzas: 3889 que en esto, por feas que seamos las mujeres, me parece a que siempre nos da gusto el oír que nos llaman hermosas. »Pero 3890 a todo esto se opone mi honestidad y los consejos continuos que mis padres me daban, que ya muy al descubierto sabían la 3891voluntad de don Fernando, porque ya a él no se le daba nada de que todo el mundo la supiese. Decíanme mis padres que en sola 3892 mi virtud y bondad dejaban y depositaban su honra y fama, y que considerase la desigualdad que había entre y don 3893Fernando, y que por aquí echaría de ver que sus pensamientos, aunque él dijese otra cosa, mas se encaminaban a su gusto que 3894a mi provecho; y que si yo quisiese poner en alguna manera algún inconveniente para que él se dejase de su injusta pretensión 3895, que ellos me casarían luego con quien yo más gustase: así de los más principales de nuestro lugar como de todos los 3896circunvecinos, pues todo se podía esperar de su mucha hacienda y de mi buena fama. Con estos ciertos prometimientos, y con 3897la verdad que ellos me decían, fortificaba yo mi entereza, y jamás quise responder a don Fernando palabra que le pudiese 3898mostrar, aunque de muy lejos, esperanza de alcanzar su deseo. »Todos estos recatos míos, que él debía de tener por desdenes, 3899 debieron de ser causa de avivar más su lascivo apetito, que este nombre quiero dar a la voluntad que me mostraba; la cual, 3900si ella fuera como debía, no la supiérades vosotros ahora, porque hubiera faltado la ocasión de decírosla. Finalmente, don 3901Fernando supo que mis padres andaban por darme estado, por quitalle a él la esperanza de poseerme, o, a lo menos, porque yo 3902tuviese más guardas para guardarme; y esta nueva o sospecha fue causa para que hiciese lo que ahora oiréis. Y fue que una 3903noche, estando yo en mi aposento con sola la compañía de una doncella que me servía, teniendo bien cerradas las puertas, por 3904 temor que, por descuido, mi honestidad no se viese en peligro, sin saber ni imaginar cómo, en medio destos recatos y 3905prevenciones, y en la soledad deste silencio y encierro, me le hallé delante, cuya vista me turbó de manera que me quitó la 3906de mis ojos y me enmudeció la lengua; y así, no fui poderosa de dar voces, ni aun él creo que me las dejara dar, porque 3907luego se llegó a , y, tomándome entre sus brazos (porque yo, como digo, no tuve fuerzas para defenderme, según estaba 3908turbada), comenzó a decirme tales razones, que no cómo es posible que tenga tanta habilidad la mentira que las sepa 3909componer de modo que parezcan tan verdaderas. Hacía el traidor que sus lágrimas acreditasen sus palabras y los suspiros su 3910intención. Yo, pobrecilla, sola entre los míos, mal ejercitada en casos semejantes, comencé, no en qué modo, a tener por 3911verdaderas tantas falsedades, pero no de suerte que me moviesen a compasión menos que buena sus lágrimas y suspiros. »Y así,