El Quijote
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1941a todos les dio sus armas, colores, empresas y motes de improviso, llevado de la imaginación de su nunca vista locura; y, 1942sin parar, prosiguió diciendo: -A este escuadrón frontero forman y hacen gentes de diversas naciones: aquí están los que 1943bebían las dulces aguas del famoso Janto; los montuosos que pisan los masílicos campos; los que criban el finísimo y menudo 1944oro en la felice Arabia; los que gozan las famosas y frescas riberas del claro Termodonte; los que sangran por muchas y 1945diversas vías al dorado Pactolo; los númidas, dudosos en sus promesas; los persas, arcos y flechas famosos; los partos, los 1946medos, que pelean huyendo; los árabes, de mudables casas; los citas, tan crueles como blancos; los etiopes, de horadados 1947labios, y otras infinitas naciones, cuyos rostros conozco y veo, aunque de los nombres no me acuerdo. En estotro escuadrón 1948vienen los que beben las corrientes cristalinas del olivífero Betis; los que tersan y pulen sus rostros con el licor del 1949siempre rico y dorado Tajo; los que gozan las provechosas aguas del divino Genil; los que pisan los tartesios campos, de 1950pastos abundantes; los que se alegran en los elíseos jerezanos prados; los manchegos, ricos y coronados de rubias espigas; 1951los de hierro vestidos, reliquias antiguas de la sangre goda; los que en Pisuerga se bañan, famoso por la mansedumbre de su 1952corriente; los que su ganado apacientan en las estendidas dehesas del tortuoso Guadiana, celebrado por su escondido curso; 1953los que tiemblan con el frío del silvoso Pirineo y con los blancos copos del levantado Apenino; finalmente, cuantos toda la 1954Europa en sí contiene y encierra. ¡Válame Dios, y cuántas provincias dijo, cuántas naciones nombró, dándole a cada una, con 1955 maravillosa presteza, los atributos que le pertenecían, todo absorto y empapado en lo que había leído en sus libros 1956mentirosos! Estaba Sancho Panza colgado de sus palabras, sin hablar ninguna, y, de cuando en cuando, volvía la cabeza a ver 1957si veía los caballeros y gigantes que su amo nombraba; y, como no descubría a ninguno, le dijo: -Señor, encomiendo al diablo 1958 hombre, ni gigante, ni caballero de cuantos vuestra merced dice parece por todo esto; a lo menos, yo no los veo; quizá todo 1959 debe ser encantamento, como las fantasmas de anoche. -¿Cómo dices eso? -respondió don Quijote-. ¿No oyes el relinchar de los 1960 caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atambores? -No oigo otra cosa -respondió Sancho- sino muchos balidos de 1961 ovejas y carneros. Y así era la verdad, porque ya llegaban cerca los dos rebaños. -El miedo que tienes -dijo don Quijote- 1962te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas; porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos y hacer que las 1963cosas no parezcan lo que son; y si es que tanto temes, retírate a una parte y déjame solo, que solo basto a dar la victoria a 1964 la parte a quien yo diere mi ayuda. Y, diciendo esto, puso las espuelas a Rocinante, y, puesta la lanza en el ristre, bajó 1965 de la costezuela como un rayo. Diole voces Sancho, diciéndole: -¡Vuélvase vuestra merced, señor don Quijote, que voto a Dios 1966 que son carneros y ovejas las que va a embestir! ¡Vuélvase, desdichado del padre que me engendró! ¿Qué locura es ésta? Mire 1967 que no hay gigante ni caballero alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos ni enteros, ni veros azules ni endiablados. 1968 ¿Qué es lo que hace? ¡Pecador soy yo a Dios! Ni por ésas volvió don Quijote; antes, en altas voces, iba diciendo: -¡Ea, 1969caballeros, los que seguís y militáis debajo de las banderas del valeroso emperador Pentapolín del Arremangado Brazo,
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