El Quijote
en 17000 tuits
1883 haber en el mundo, o qué gusto puede igualarse al de vencer una batalla y al de triunfar de su enemigo? Ninguno, sin duda 1884alguna. -Así debe de ser -respondió Sancho-, puesto que yo no lo sé; sólo sé que, después que somos caballeros andantes, o 1885vuestra merced lo es (que yo no hay para qué me cuente en tan honroso número), jamás hemos vencido batalla alguna, si no fue 1886 la del vizcaíno, y aun de aquélla salió vuestra merced con media oreja y media celada menos; que, después acá, todo ha sido 1887palos y más palos, puñadas y más puñadas, llevando yo de ventaja el manteamiento y haberme sucedido por personas encantadas, 1888 de quien no puedo vengarme, para saber hasta dónde llega el gusto del vencimiento del enemigo, como vuestra merced dice. - 1889Ésa es la pena que yo tengo y la que tú debes tener, Sancho -respondió don Quijote-; pero, de aquí adelante, yo procuraré 1890haber a las manos alguna espada hecha por tal maestría, que al que la trujere consigo no le puedan hacer ningún género de 1891encantamentos; y aun podría ser que me deparase la ventura aquella de Amadís, cuando se llamaba el Caballero de la Ardiente 1892Espada, que fue una de las mejores espadas que tuvo caballero en el mundo, porque, fuera que tenía la virtud dicha, cortaba 1893como una navaja, y no había armadura, por fuerte y encantada que fuese, que se le parase delante. -Yo soy tan venturoso - 1894dijo Sancho- que, cuando eso fuese y vuestra merced viniese a hallar espada semejante, sólo vendría a servir y aprovechar a 1895los armados caballeros, como el bálsamo; y los escuderos, que se los papen duelos. -No temas eso, Sancho -dijo don Quijote- 1896, que mejor lo hará el cielo contigo. Es estos coloquios iban don Quijote y su escudero, cuando vio don Quijote que por el 1897camino que iban venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; y, en viéndola, se volvió a Sancho y le dijo: -Éste es el 1898día, ¡oh Sancho!, en el cual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte; éste es el día, digo, en que se ha de 1899mostrar, tanto como en otro alguno, el valor de mi brazo, y en el que tengo de hacer obras que queden escritas en el libro 1900de la Fama por todos los venideros siglos. ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un 1901copiosísimo ejército que de diversas e innumerables gentes por allí viene marchando. -A esa cuenta, dos deben de ser -dijo 1902Sancho-, porque desta parte contraria se levanta asimesmo otra semejante polvareda. Volvió a mirarlo don Quijote, y vio que 1903así era la verdad; y, alegrándose sobremanera, pensó, sin duda alguna, que eran dos ejércitos que venían a embestirse y a 1904encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura; porque tenía a todas horas y momentos llena la fantasía de aquellas 1905batallas, encantamentos, sucesos, desatinos, amores, desafíos, que en los libros de caballerías se cuentan, y todo cuanto 1906hablaba, pensaba o hacía era encaminado a cosas semejantes. Y la polvareda que había visto la levantaban dos grandes manadas 1907 de ovejas y carneros que, por aquel mesmo camino, de dos diferentes partes venían, las cuales, con el polvo, no se echaron 1908de ver hasta que llegaron cerca. Y con tanto ahínco afirmaba don Quijote que eran ejércitos, que Sancho lo vino a creer y a 1909decirle: -Señor, ¿pues qué hemos de hacer nosotros? -¿Qué? -dijo don Quijote-: favorecer y ayudar a los menesterosos y 1910desvalidos. Y has de saber, Sancho, que este que viene por nuestra frente le conduce y guía el grande emperador Alifanfarón, 1911señor de la grande isla Trapobana; este otro que a mis espaldas marcha es el de su enemigo, el rey de los garamantas,
▼