(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2014-10-05 ω
930que para tengo que valdrá la onza adondequiera más de a dos reales, y no he menester yo más para pasar esta vida honrada y 931descansadamente. Pero es de saber agora si tiene mucha costa el hacelle.

-Con menos de tres reales se pueden hacer tres
932azumbres -respondió don Quijote.

Pecador de ! -replicó Sancho-. ¿Pues a qué aguarda vuestra merced a hacelle y a
933enseñármele?

-Calla, amigo -respondió don Quijote-, que mayores secretos pienso enseñarte y mayores mercedes hacerte; y,
934por agora, curémonos, que la oreja me duele más de lo que yo quisiera.

Sacó Sancho de las alforjas hilas y ungüento. Mas,
935cuando don Quijote llegó a ver rota su celada, pensó perder el juicio, y, puesta la mano en la espada y alzando los ojos al 936cielo, dijo:

-Yo hago juramento al Criador de todas las cosas y a los santos cuatro Evangelios, donde más largamente están
937escritos, de hacer la vida que hizo el grande marqués de Mantua cuando juró de vengar la muerte de su sobrino Valdovinos, que 938 fue de no comer pan a manteles, ni con su mujer folgar, y otras cosas que, aunque dellas no me acuerdo, las doy aquí por 939expresadas, hasta tomar entera venganza del que tal desaguisado me fizo.

Oyendo esto Sancho, le dijo:

-Advierta vuestra
940merced, señor don Quijote, que si el caballero cumplió lo que se le dejó ordenado de irse a presentar ante mi señora Dulcinea 941del Toboso, ya habrá cumplido con lo que debía, y no merece otra pena si no comete nuevo delito.

-Has hablado y apuntado
942muy bien -respondió don Quijote-; y así, anulo el juramento en cuanto lo que toca a tomar dél nueva venganza; pero hágole y 943confírmole de nuevo de hacer la vida que he dicho, hasta tanto que quite por fuerza otra celada tal y tan buena como ésta a 944algún caballero. Y no pienses, Sancho, que así a humo de pajas hago esto, que bien tengo a quien imitar en ello; que esto 945mesmo pasó, al pie de la letra, sobre el yelmo de Mambrino, que tan caro le costó a Sacripante.

-Que al diablo vuestra
946merced tales juramentos, señor mío -replicó Sancho-; que son muy en daño de la salud y muy en perjuicio de la conciencia. Si 947no, dígame ahora: si acaso en muchos días no topamos hombre armado con celada, ¿qué hemos de hacer? ¿Hase de cumplir el 948juramento, a despecho de tantos inconvenientes e incomodidades, como será el dormir vestido, y el no dormir en poblado, y 949otras mil penitencias que contenía el juramento de aquel loco viejo del marqués de Mantua, que vuestra merced quiere 950revalidar ahora? Mire vuestra merced bien, que por todos estos caminos no andan hombres armados, sino arrieros y carreteros, 951que no sólo no traen celadas, pero quizá no las han oído nombrar en todos los días de su vida.

-Engáñaste en eso -dijo don
952 Quijote-, porque no habremos estado dos horas por estas encrucijadas, cuando veamos más armados que los que vinieron sobre 953Albraca a la conquista de Angélica la Bella.

-Alto, pues; sea ansí -dijo Sancho-, y a Dios prazga que nos suceda bien, y
954que se llegue ya el tiempo de ganar esta ínsula que tan cara me cuesta, y muérame yo luego.

-Ya te he dicho, Sancho, que no
955 te eso cuidado alguno; que, cuando faltare ínsula, ahí está el reino de Dinamarca o el de Soliadisa, que te vendrán como 956anillo al dedo; y más, que, por ser en tierra firme, te debes más alegrar. Pero dejemos esto para su tiempo, y mira si traes 957algo en esas alforjas que comamos, porque vamos luego en busca de algún castillo donde alojemos esta noche y hagamos el 958bálsamo que te he dicho; porque yo te voto a Dios que me va doliendo mucho la oreja.

-Aquí trayo una cebolla, y un poco de