(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2014-09-23 ω
583poesía que tiene España.

Cansóse el cura de ver más libros; y así, a carga cerrada, quiso que todos los demás se quemasen;
584 pero ya tenía abierto uno el barbero, que se llamaba Las lágrimas de Angélica.

-Lloráralas yo -dijo el cura en oyendo el
585nombre- si tal libro hubiera mandado quemar; porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España, y 586fue felicísimo en la tradución de algunas fábulas de Ovidio.





Capítulo VII. De la segunda salida de nuestro buen
587caballero don Quijote de la Mancha

Estando en esto, comenzó a dar voces don Quijote, diciendo:

-Aquí, aquí, valerosos
588caballeros; aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos, que los cortesanos llevan lo mejor del torneo. 589Por acudir a este ruido y estruendo, no se pasó adelante con el escrutinio de los demás libros que quedaban; y así, se cree 590que fueron al fuego, sin ser vistos ni oídos, La Carolea y León de España, con Los Hechos del Emperador, compuestos por don 591Luis de Ávila, que, sin duda, debían de estar entre los que quedaban; y quizá, si el cura los viera, no pasaran por tan 592rigurosa sentencia.

Cuando llegaron a don Quijote, ya él estaba levantado de la cama, y proseguía en sus voces y en sus
593desatinos, dando cuchilladas y reveses a todas partes, estando tan despierto como si nunca hubiera dormido. Abrazáronse con 594él, y por fuerza le volvieron al lecho; y, después que hubo sosegado un poco, volviéndose a hablar con el cura, le dijo:

-
595Por cierto, señor arzobispo Turpín, que es gran mengua de los que nos llamamos doce Pares dejar, tan sin más ni más, llevar la 596 vitoria deste torneo a los caballeros cortesanos, habiendo nosotros los aventureros ganado el prez en los tres días 597antecedentes.

-Calle vuestra merced, señor compadre -dijo el cura-, que Dios será servido que la suerte se mude, y que lo
598que hoy se pierde se gane mañana; y atienda vuestra merced a su salud por agora, que me parece que debe de estar 599demasiadamente cansado, si ya no es que está malferido.

-Ferido no -dijo don Quijote-, pero molido y quebrantado, no hay
600duda en ello; porque aquel bastardo de don Roldán me ha molido a palos con el tronco de una encina, y todo de envidia, porque 601 ve que yo solo soy el opuesto de sus valentías. Mas no me llamaría yo Reinaldos de Montalbán si, en levantándome deste lecho 602, no me lo pagare, a pesar de todos sus encantamentos; y, por agora, tráiganme de yantar, que que es lo que más me hará al 603 caso, y quédese lo del vengarme a mi cargo.

Hiciéronlo ansí: diéronle de comer, y quedóse otra vez dormido, y ellos,
604admirados de su locura.

Aquella noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había en el corral y en toda la casa, y tales
605debieron de arder que merecían guardarse en perpetuos archivos; mas no lo permitió su suerte y la pereza del escrutiñador; y 606así, se cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores.

Uno de los remedios que el cura y el
607barbero dieron, por entonces, para el mal de su amigo, fue que le murasen y tapiasen el aposento de los libros, porque cuando 608 se levantase no los hallase -quizá quitando la causa, cesaría el efeto-, y que dijesen que un encantador se los había llevado 609, y el aposento y todo; y así fue hecho con mucha presteza. De allí a dos días se levantó don Quijote, y lo primero que hizo 610fue ir a ver sus libros; y, como no hallaba el aposento donde le había dejado, andaba de una en otra parte buscándole. 611Llegaba adonde solía tener la puerta, y tentábala con las manos, y volvía y revolvía los ojos por todo, sin decir palabra;