El Quijote
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323 y un real de dos sangrías que le habían hecho estando enfermo.
-Bien está todo eso -replicó don Quijote-, pero quédense 324los zapatos y las sangrías por los azotes que sin culpa le habéis dado; que si él rompió el cuero de los zapatos que vos 325pagastes, vos le habéis rompido el de su cuerpo; y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la habéis 326sacado; ansí que, por esta parte, no os debe nada.
-El daño está, señor caballero, en que no tengo aquí dineros: véngase 327Andrés conmigo a mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro.
-¿Irme yo con él? -dijo el muchacho-. Mas, ¡mal año! No, 328señor, ni por pienso; porque, en viéndose solo, me desuelle como a un San Bartolomé.
-No hará tal -replicó don Quijote-: 329basta que yo se lo mande para que me tenga respeto; y con que él me lo jure por la ley de caballería que ha recebido, le 330dejaré ir libre y aseguraré la paga.
-Mire vuestra merced, señor, lo que dice -dijo el muchacho-, que este mi amo no es 331caballero ni ha recebido orden de caballería alguna; que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar.
-Importa eso 332poco -respondió don Quijote-, que Haldudos puede haber caballeros; cuanto más, que cada uno es hijo de sus obras.
-Así es 333verdad -dijo Andrés-; pero este mi amo, ¿de qué obras es hijo, pues me niega mi soldada y mi sudor y trabajo?
-No niego, 334hermano Andrés -respondió el labrador-; y hacedme placer de veniros conmigo, que yo juro por todas las órdenes que de 335caballerías hay en el mundo de pagaros, como tengo dicho, un real sobre otro, y aun sahumados.
-Del sahumerio os hago 336gracia -dijo don Quijote-; dádselos en reales, que con eso me contento; y mirad que lo cumpláis como lo habéis jurado; si no, 337por el mismo juramento os juro de volver a buscaros y a castigaros, y que os tengo de hallar, aunque os escondáis más que una 338 lagartija. Y si queréis saber quién os manda esto, para quedar con más veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el 339valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones; y a Dios quedad, y no se os parta de las mientes lo 340 prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.
Y, en diciendo esto, picó a su Rocinante, y en breve espacio se apartó 341 dellos. Siguióle el labrador con los ojos, y, cuando vio que había traspuesto del bosque y que ya no parecía, volvióse a su 342criado Andrés y díjole:
-Venid acá, hijo mío, que os quiero pagar lo que os debo, como aquel deshacedor de agravios me 343dejó mandado.
-Eso juro yo -dijo Andrés-; y ¡cómo que andará vuestra merced acertado en cumplir el mandamiento de aquel 344buen caballero, que mil años viva; que, según es de valeroso y de buen juez, vive Roque, que si no me paga, que vuelva y 345ejecute lo que dijo!
-También lo juro yo -dijo el labrador-; pero, por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda 346por acrecentar la paga.
Y, asiéndole del brazo, le tornó a atar a la encina, donde le dio tantos azotes, que le dejó por 347muerto.
-Llamad, señor Andrés, ahora -decía el labrador- al desfacedor de agravios, veréis cómo no desface aquéste; aunque 348creo que no está acabado de hacer, porque me viene gana de desollaros vivo, como vos temíades.
Pero, al fin, le desató y le 349 dio licencia que fuese a buscar su juez, para que ejecutase la pronunciada sentencia. Andrés se partió algo mohíno, jurando 350de ir a buscar al valeroso don Quijote de la Mancha y contalle punto por punto lo que había pasado, y que se lo había de pagar
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